COMPILACIÓN
TEATRO
ALBERT CAMUS
(Editorial Losada - Buenos Aires)
Francia, encrucijada de valores, partícipe, cuando no gestora, de toda peripecia intelectual, trampolín vibrátil del que saltó a la aventura del mundo esa nueva visión del paisaje humano que es el existencialismo, nos trajo, también, a Camus.
Albert Camus, cuya procedencia él mismo niega, pero cuyo parentesco, cuya paralela perspectiva, fuera inútil querer desconocer, es un producto puro de la plenitud de nuestra época.
Cuando la viscosidad totalitaria cubrió el mapa de Europa, en la vida subterránea del "maquis", en las fuerzas desesperadamente esperanzadas de la resistencia, germinan pujanzas nuevas, imposibles de detener. Vienen de un mundo que ha contemplado todos los horrores, de hombres cuya frente ha castigado ese huracán de demencia que amenazó arrancar todo lo que de un hombre quedaba aún en el hombre.
Por fuerza habían de tener una nueva concepción de la vida. Una nueva actitud frente a ella.
En Camus, lo absurdo, lo contradictorio, constituye el verdadero agonista de sus obras. Mersault, "el extranjero", se abre "por primera vez a la tierna indiferencia del mundo" la víspera de su ejecución.
El teatro de Camus es trasunto fiel de esa tesitura. El Malentendido -estrenada en 1944- desenvuelve su acción con la ciega inexorabilidad de la tragedia griega. La frase de Martha: "Ruegue a su Dios que la haga semejante a la piedra. Es la felicidad que él se asigna. La única felicidad verdadera". Y ese "¡No!" rotundo y exacto con que un personaje desvaído, a modo de coro, responde al grito suplicante de María, resumen la desoladora circunstancia: la soledad del hombre en un mundo indiferente.
La figura de Calígula -estrenada en 1945- se alumbra con una luz muy distinta, por cierto, a aquella con que Suetonio narra sus hechos. El de la Vida de los Césares es un emperador loco cuyos actos describe, objetivamente, el historiador. Este, de Camus, es un Calígula desde dentro; su vida, un acontecer "en" una trágica búsqueda infructuosa para hacer "que lo imposible sea". Pocas tragedias podrían reclamar, con mejores títulos, la calificación de haber sido logradas.
La última de sus obras de teatro, El Estado de Sitio -estrenada en 1948- gira en torno al mito de la peste. Más artificiosa que las anteriores, más trabajada, se eleva, no obstante, por momentos, a una altura que tal vez supere a las otras, pero su trama es menos compacta, más dispar.
© LA GACETA
Daniel Alberto Dessein
(11 de septiembre de 1949)